martes, 10 de febrero de 2026

Vejez



A propósito de mi abuela, siempre me pregunto: ¿envejeceré?

Si soy franca, se me hace totalmente difícil imaginar el futuro. El caos actual me hace pensar que la supervivencia de nuestra sociedad corre un riesgo irremediable, como si en cualquier momento pudiéramos desaparecer entre la locura y las futuras guerras.

Hace años decían que el mundo iba a terminar en 2012, porque ahí llegaba a su fin el calendario maya. Se desataron miles de teorías conspirativas que aseguraban que todo acabaría. Pero no fue así. Seguimos aquí. En esta misma locura. Y cada vez más absurda, más acelerada.

Últimamente me doy cuenta de que el tiempo pasa volando. Pensé que esa frase solo la decía la gente mayor… hasta que yo misma empecé a sentirlo así. El tiempo vuela.

La verdad es que me cuesta imaginar el mundo en cincuenta años. Se ha vuelto un lugar cada vez más conflictivo y difícil de habitar. No quiero entrar en detalles, porque cualquier persona que viva en esta época sabe lo que está ocurriendo.

¿Cómo será el mundo en medio siglo? ¿Habrá tanta tecnología como imaginamos? El otro día escuché en un video que muchas de las cosas que hoy están pasando ya habían sido escritas: que la literatura, las películas y las series se encargaron de anticiparlas, casi como un oráculo.

Y si el arte fue capaz de imaginar este futuro, ¿podríamos a través del arte, imaginar uno mejor? ¿Se podrá realmente imaginar?

A veces me invade el pesimismo. Como humanidad todavía debemos atravesar muchos retos. Siento que el mundo está cada vez más polarizado y que con eso nos alejamos del raciocinio y de la paz.

Quizás deba orientar mi imaginación hacia algo más íntimo. Pensar en mi propia vejez. Desear que la lucidez aún me habite. Imaginar que pueda cuidarme sola, que no dependa de nadie. Mi independencia es algo que valoro profundamente. No quisiera entregar a nadie el peso de cuidarme, menos aún si me encontrara perdida en el laberinto mental de la demencia.

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