Y si bien uno recorre caminos físicos y se deslumbra ante paisajes maravillosos,
hay una certeza profunda:
el verdadero viaje sucede por dentro.
En un viaje se recorren los caminos de la propia conciencia.
Se derriban estructuras.
Se cuestionan prejuicios.
Se enfrentan miedos.Se viaja hacia la propia vulnerabilidad.
Verse sola.
Cuidarse entre la multitud.
Y, al mismo tiempo, disfrutar lo desconocido.
Habitar un nuevo cotidiano pasajero.
Fugaz.
Ser, a la vez, espectador y protagonista.
Observar.
Deleitarse.
Amar.
Vivir.
Entender.
Hay una frase que dice que el racismo se cura viajando.
Y quizás no sea solo sea una frase.
Viajar es comprender la vida del otro.
Sus formas infinitas de existir.
Las distintas maneras en que una vida puede ser posible.
Es entender que, más allá de las fronteras y los acentos,
todos compartimos lo esencial:
penas, alegrías, pérdidas, duelos, sueños.
Y que, en esta realidad,
sea cual sea el paisaje,
todos somos pasajeros.
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